Love Song

Le apagó la luna porque él se lo había pedido. Lo ocultó entre sus brazos para olvidar aquello que lo rodeaban. Para acunarlo como si de su propia piel hubiese nacido.
Lo tumbó para cubrirlo con su pecho, para dejarlo como su bien más preciado, intocable recostado a su lado.
Besó sus labios sin aguantar el dolor en el pecho que le provocaba. Besó también sus párpados como canción de cuna. Y una vez dormido se levantó.
No quiso mirar a la cama por no violar con la mirada, la imagen de él durmiendo con el sexo en paz. Sus pies descalzos acariciaron el suelo intranquilo por recibir pisadas.
Llegó con paciencia de nuevo a su lado, a sentir la respiración que se le hacía extraña. La boca le sabía al amargor de la paz que había elegido y se conformó, con el recuerdo del último beso.
Se acurrucó a su lado, estrechando piel con piel en un deseo irrefrenable, de fundirlas.
Sus manos se enfriaron y decidió abrazarlo con más fuerza. Suspiró varias veces y lo miró.
Cerró sus ojos, él los abrió.